Cuando la circulación se vuelve lenta, las piernas empiezan a sentirse pesadas como si “no te respondieran”. No importa si has pasado mucho tiempo de pie o sentado: la fatiga aparece sin razón aparente. Esta sensación es una de las primeras alertas de que las venas están sufriendo.
Hinchazón al final del día

El edema o “hinchazón” en tobillos y pantorrillas es otro síntoma característico. Se produce porque la sangre no fluye adecuadamente y los líquidos se acumulan en los tejidos. Muchas personas lo normalizan, pero es una señal clara de insuficiencia venosa que necesita atención.
Calambres, hormigueo y dolor nocturno

El dolor punzante, los calambres nocturnos o la sensación de “hormigueo” indican que los tejidos no están recibiendo el oxígeno necesario. Estos episodios son frecuentes por la noche, cuando las venas tienen mayor dificultad para impulsar la sangre de regreso al corazón.
Aparición de varices y cambios en la piel

Con el tiempo, la mala circulación provoca venas dilatadas y visibles: las famosas varices. Pero no es solo un tema estético; también puede aparecer cambio de coloración en la piel, resequedad o heridas que tardan en cicatrizar. Si no se trata a tiempo, puede terminar en úlceras venosas.






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